
Lo forman el odercoides, el apéndice, los vasos de la sangre, la médula ósea, los nódulos linfáticos, los vasos linfáticos, la placa de peyer, el bazo, y las amígdalas. Es el responsable de reconocer bacterias y virus y de convertir esa información para activar las defensas del cuerpo. Su eficiencia es primordial para la vida.
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